
Yo quiero tus ojos, sí solo los tuyos.
Quiero que vos me mires, que me grabes en tu mente.
Quiero que me veas en tus sueños, y me sueñes todo el tiempo.
Quiero tus deseos, tus suspiros.
Quiero que me hagas desear, y que me hagas desear tanto que ya no sea un simple deseo.
Quiero eso, quiero más...
Quiero sentirme, asi como quiero que me sientas. Quiero que me mires, que me veas.
Quiero tus deseos y lo mios fundidos en el fuego. Quemame como el fuego, enseñame un juego nuevo.
Buscame hasta perderme y encontrame de vuelta. Jugame, vibrame. Sentime viajando al mas alla. Mirame como enciendo esa llama dentro tuyo. Mirate, encendido y todo mio .
Mujer, casi mujer. Mujer, casi niña. De fuego, de cristal, de lágrimas, de cenizas.
Fuga de cerebros
Cada año, desde 1990, dejan el país alrededor de 6.000 especialistas con carreras terciarias.Perdemos la inversión que significó formar esa capacidad y la posibilidad de contar con los aportes de esta gente para contribuir al desarrollo nacional.
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La emigración de científicos y tecnólogos es un fenómeno que se viene comprobando en En décadas anteriores las principales causas por las que grandes talentos argentinos debieron expatriarse fueron las persecuciones políticas o religiosas. Históricamente, el mayor éxodo de científicos e intelectuales de La emigración de científicos se da, sobre todo, en los jóvenes recién egresados del sistema universitario, que se van, como un primer motivo, porque no encuentran ubicación en nuestro medio debido a la escasa cantidad de cargos disponibles. Esta juventud inexperta que no tiene nada establecido en este país parten en busca de nuevas y mejores oportunidades hacia el exterior. Entre los países que reúnen mayor cantidad de científicos latinoamericanos en su haber se encuentran Estados Unidos, España y Canadá. Estos países desarrollados reclutan jóvenes científicos brillantes de todas partes del mundo. “Los gobiernos no tienen en cuenta el perjuicio económico causado por la exportación de la mano de obra altamente calificada. El país pierde mucho dinero cuando solventa durante años los estudios de una personas y ésta desarrolla su actividad laboral en el exterior” dice el economista Mariano de Miguel, uno de los autores del informe “Escenas en la batalla global por el talento”. Como argentinos y futuros responsables del bienestar de nuestra nación somos partícipes de esta paradoja: los países más postergados subsidian la actividad científica y la economía de los países más poderosos del mundo, acrecentando así la brecha de desarrollo. Actualmente existe un programa llamado RAICES que fue creado por Otras medidas han sido tomadas con el objetivo de disminuir las preocupantes cifras que remueve este fenómeno. Entre ellas, los Subsidios de Retorno del Conicet, que permitieron repatriar 185 científicos en el 2004 y la creación de una bolsa de ofertas profesionales especialmente para nuestros especialistas. Seamos concientes las propuestas planteadas aún son insuficientes para darles el lugar que se merecen a la ciencia y la investigación. Tiene que incrementarse la faceta productiva de nuestro país y de esta manera contaremos con los subsidios necesarios para cubrir los costos de una buena investigación, que no carezca de materiales ni talentos. Ya en 1940, Albert Einstein advirtió que en el futuro "solamente serán exitosos los pueblos que entiendan cómo generar conocimientos y cómo protegerlos; cómo buscar a los jóvenes que tengan la capacidad de hacerlo y asegurarse de que se queden en el país. Para el futuro, con el plan de llegar a tener una planta de investigadores acorde con la realidad mundial, solamente en la carrera de investigador del Conicet se deberían estar incorporando unos 500 nuevos científicos por año. Al respecto cabe destacar que actualmente Ha cambiado el clima de trabajo en el país, y esto provoca el regreso de muchos científicos que siguieron su formación y su trabajo en el exterior. Es de esperar, entonces, que cese la larga fuga de cerebros que hizo que se perdiera a científicos formados con enorme esfuerzo social, para lo cual la política científica argentina debe trazar una estrategia a mediano plazo, capaz de integrar la labor de investigación con la producción, multiplicando la inversión pública y también la privada dirigida a la producción de conocimiento. La ciencia, además, debe ser objeto de una mayor promoción cultural. Desde la escuela primaria deben difundirse los estilos de pensamiento y de trabajo científico.
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